sábado, 27 de febrero de 2016

Arcangelina Madre María el Ángel del Consuelo



YO SOY la reina de los Ángeles, la madre divina de la presencia curativa del quinto rayo. Con la fuerza de mi luz verde resplandeciente, del amor encontrado, hablo directamente a tu corazón.

Conozco tu dolor.

Me son familiares la aflicción y la tristeza de la finita existencia terrenal.

Siento contigo, estoy de tu lado.

En mi presencia experimentas el anhelante consuelo de la verdadera eternidad.

Únete a mi.

Coloco mi capa protectora alrededor de ti, hasta que se curen todas las sombras oscuras de tu corazón.

La Madre María es conocida universalmente como la Santa Virgen, que concibió a Jesús a través del Espíritu Santo y lo trajo al  mundo. Es la más conocida de todos los santos. Es la reina de los ángeles, que se materializa en el aspecto de la virgen y madre de la diosa de la trinidad. María es la energía divina femenina reconocida del cristianismo. A través del tiempo ha salvado la primitiva fuerza femenina en la época del cristianismo, que era enemigo de las mujeres. El nombre de María procede del nombre hebreo Miriam y significa “sublime, fuerte, poderoso”, pero también “obstinado” e “indomable”. Durante la Edad Media se evitó el nombre de la Madre de Jesús como nombre de pila, pero después de la reforma tuvo difusión universal: con sus numerosas variaciones, se trata de uno de los nombres de mujer más frecuentes.

Por todo el mundo se celebran numerosas fiestas, usos y ritos en su honor: fiesta de la Candelaria el 2 de febrero, nacimiento de María el 8 de septiembre, la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre, la Asunción de la Virgen, por solo citar algunos. También existen innumerables testimonios de apariciones de María por todo el mundo. Numerosos estados teocráticos de Oriente y Occidente están consagrados a ella. Se suele representar con vestiduras rojas y capa azúl, coronada por una aureola y el niño Jesús en los brazos. Se ponen bajo su protección sobre todo los niños  y las mujeres. Pero también se considera la patrona de muchas regiones y países. La multiplicidad de su aparición no es ningún milagro para aquellos que se han ocupado de la cultura germánica y celta precristiana, en la que la diosa era venerada y se la representa de múltiples formas. Esto ya no se permitió tras la cristianización. Así pues, María ha asumido muchas tareas, lugares y rituales de sus “predecesoras”. 

Como  virgen negra se corresponde con los cuadros negros de Démeter, Perséfone, Afrodita y  Artemisa. De esa manera se han podido venerar y conservar hasta la actualidad aspectos de “la fuerza de la diosa” en la figura de la madre María. Ha llevado la luz  de la feminidad a lo largo del tiempo.

En la época actual es la fuerza femenina que, en unión divina con el arcángel Rafael, sirve para traer la bendición a la humanidad. Ambos se dedican a la función del rayo verde esmeralda, a la curación, a la verdad, a la consagración y a la concentración de la energía divina para llevar el bien a todos los seres vivos del mundo.

Si entras en contacto con ella, te pones en contacto con una de las fuerzas angélicas femeninas más fuertes. María, la reina de los ángeles, te dice: “Conozco el camino terrenal, conozco el dolor, la tristeza y la aflicción. Son los acompañantes transitorios del camino y a la vez, las mayores pruebas en la vida de cada persona. No estas solo. Te tiendo la mano y te invito a contemplar con todo tu valor el dolor que anida en tu corazón. Atravieso codo a codo contigo tus momentos más difíciles, me adentro en tus sentimientos más profundos y te ruego que reconozcas la fuerza que reside en ellos y te animo a que la conviertas en una parte de tu existencia. Después de cada época oscura vuelve de nuevo una época de luz. Como el día que sigue a la noche. Y después de cada cresta, la ola vuelve de nuevo a la profundidad. L a vida discurre en olas y sigue determinados ciclos. Cuando me lo pidas, te acompañaré en épocas de oscuridad, en momentos difíciles, llevaré tu carga, secaré las lágrimas de tus mejillas y te envolveré en mi manto de compasión y de amor profundo. Deja que este amor penetre en lo profundo de tu corazón. Que sepas que siempre serás querido, independientemente de lo que hagas. Únete a la fuerza curativa de tu corazón. Solo el amor es eterno. Dirige tu mirada a esta fuerza, sin darle importancia a lo que sucedió, a lo que ahora es y a lo que pueda venir. Que sepas que tú estás bendecido en este tiempo”.