jueves, 27 de agosto de 2015

Los minerales y la cosmética.



La cosmética y los minerales se relacionan desde los tiempos mas remotos. Así, los esplendidos colores de la naturaleza, los verdes, los ocres, los amarillos y los azules han formado parte de la paleta de colores que han adornado los tocadores de las mujeres de todos los tiempos.



En otros tiempos, un pintor y un perfumista molían minerales preciosos como la malaquita, el rejalgar y el lapislázuli con el mismo objetivo: pintar. La diferencia es que el primero los aplicaba en un cuadro y el segundo, a productos para el rostro (parpados, mejillas, etc), de mujeres y claro que sí, también algunos hombres. El maquillaje y el adorno corporal son tan antiguos como el mismo ser humano, y la manera de preparar los cosméticos apenas ha cambiado con el transcurso de los siglos, aunque en la actualidad se encuentre al alcance de todo el mundo.



Negro para los ojos

El pigmento negro para los ojos usado por culturas tan lejanas como el antiguo Egipto o la de los pueblos asiáticos se obtenía de los sulfuros de manganeso (el famoso kohol), de plomo (la galena) o de antimónio (la estibina). Se utilizaban como polvo seco o en pasta, mezclado con aceites vegetales.


     Geoda de Galena


Color en los párpados

Las mujeres de la antigüedad usaban sobre todo sombras de dos colores: verde que se obtenía con un fino polvo de malaquita, y azul, para el cual usaban lapislázuli y azurita. Estos colores se mantuvieron hasta que la aparición de los colorantes artificiales en el siglo XVIII, permitió aumentar la gama de colores en las sombras de ojos.


Azurita y malaquita



Peligrosa palidez

En la antigua Grecia, las mujeres consideraban más atractiva una tez pálida que una sonrosada; así pues, se aplicaban una pasta hecha de albayalde (Carbonato de plomo) mezclado con miel, cera, aceite, grasa o clara de huevo. Este maquillaje era sumamente peligroso; el plomo del albayalde, al ser absorbido por la piel, provocaba trastornos digestivos, mareos, disnea, parálisis de las extremidades, dolores de cabeza y en ocasiones, ceguera y muerte. El plomo es conocido desde muy antiguo y se obtiene sobre todo de la galena.




Rojos y rouges

Desde el Renacimiento, las mujeres comenzaron a usar pinturas de labios hechas con un insecto desecado, llamado cochinilla, procedente de América, que daba un color rojo profundo, el cual se mezclaba con clara de huevo, alumbre, yeso blanco o alabastro molido para darle consistencia y fluidez. Para dar brillo a los labios se usaba una pasta hecha con cinabrio (sulfuro de mercurio). Para las mejillas se prefería el fósforo rojo.






Piel limpia y tersa

Desde la antigüedad, hombres y mujeres se depilaban, para lo cual usaban pumita o piedra pómez pulverizada, con la que se frotaban el cuerpo hasta que el vello desaparecía. En Roma, la piedra pómez se empleaba así mismo para limpiar los dientes. En el siglo XVIII, las mujeres se empeñaban en eliminar las pecas con una pasta hecha con cloruro de mercurio, un veneno tan mortífero que un gramo basta para causar la muerte, pues a través de la piel destruye el sistema nervioso. Por cierto, el mercurio o azogue se empleaba también para fabricar espejos.




Los cosméticos modernos

Los minerales no han perdido su presencia en la cosmética moderna, pero sí su peligrosidad. Tanto los polvos para la cara como las sombras de ojos están compuestas por minerales; el blanco, por ejemplo se obtiene del dióxido de titanio. Los polvos faciales llevan una sustancia opaca, como el zinc o el óxido de titanio, que se obtiene de la ilimenita, que es lo que cubre la piel; talco mineral o estearato de magnesio como elemento adherente y para facilitar la aplicación del polvo y caolín o carbonato de magnesio para absorber el sudor. El kohol sigue siendo el negro de ojos preferido por las mujeres de todo el mundo.




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