jueves, 4 de diciembre de 2014

El rol de los padres.



Reflexión

Hace algunos días conversando con mi madre acerca de una visita a sus primas me comenta:- Es que la prima X tiene problemas con su hija mayor.- ¿Por qué? – pregunto yo, pensando que tendrían problemas entre ellas.
- Porque la hija se separó – responde mi madre- ¿Y por qué los problemas los tiene la tía si la que se separó fue la hija? – pregunto de vuelta- Porque las madres siempre sufrimos cuando nuestros hijos sufren – responde mi madre. A lo que me surge la siguiente reflexión: Somos hijos e hijas de una sociedad que gusta de empaparse y sufrir innecesariamente por los problemas de otros, aunque no nos hayan invitado, aunque no tengamos pito que tocar. Somos hijos e hijas de una sociedad que nos enseña que debemos sufrir por todo lo que les pasa a los demás de manera lacerante, porque sólo así estamos ayudando a la persona afectada, cuando lo que hacemos en realidad es acrecentar más el problema con la energía negativa que emitimos. Somos hijos e hijas de padres y madres (me toca de cerca) de los que, muchas veces, tenemos que ocultar nuestros dolores o pesares para no causarles dolor, lo que muchas veces termina por obligarnos a excluirlos de nuestros problemas más íntimos, porque lejos de ayudarnos a encontrar la solución y salir airosos, se convierten en un problema más y en una carga pesada. Es una sociedad que no quiere darse cuenta que el mejor modo de solucionar un conflicto es deshaciéndose de la negatividad y no hundirse más en ella. Los padres no pueden pretender salvar a sus hijos de aquel dolor o aquella situación, porque aquello que ocurre no trae sino una lección para ese hijo o hija. No podemos pretender quitarle a nadie la oportunidad de aprender de las lecciones a que nos enfrenta la vida. Cada cosa a la que nos vemos enfrentados es una nueva oportunidad para aprender y crecer, y la mejor manera de enfrentarla no es preguntarnos el por qué, sino el para qué. No preguntar “por qué me pasa esto a mí”, sino tener la humildad de corazón de decir “cuál es mi lección, qué debo aprender de todo esto”. Y sobretodo, ser agradecidos por la oportunidad de poder aprender y continuar con mi crecimiento y con mi sabiduría. Sabiduría que TODOS SIN EXCEPCIÓN llevamos dentro. Por dura que pueda parecernos la lección, tenemos que ser siempre agradecidos por la oportunidad que se nos da de poder seguir creciendo. Lamentablemente en este plano sólo aprendemos a través del dolor...

El rol de los padres entonces, no es sentir que mueres con cada problema que enfrentan los hijos, sino que mirar siempre desde afuera para poder tener altura de miras y poder prestar apoyo real y ser contenedores de quienes nos necesiten. Los padres deben ser siempre guías para sus hijos, no convertirse en cargas emocionales y provocar un cambio en los papeles, terminando por convertirse en quienes hay que proteger de cuanta cosa ocurra a los demás. Basta ya de llorar, basta ya de querer robarse el protagonismo donde sólo somos extras, basta ya de cortarse las venas, cuando se ven tan lindas así, larguitas como están. Y ojo que no se trata de no ser empáticos, sino que de poner cada cosa en su lugar y dar a cada situación la importancia real que ésta merece, sin pretender tapar el sol con un dedo, pero tampoco dándole una importancia excesiva a cada problema que enfrentamos. Sólo entregando a cada cosa la energía que corresponde. Ni más, ni menos. Ha llegado la hora de cambiar ese pensamiento, de dar vuelta el prisma. Ha llegado la hora de dejar tanto la negatividad que generas hacia tus propios problemas, como la negatividad que emites hacia los problemas de quienes nos rodean. Para ser una real ayuda, debemos dejar de lado tanto dramatismo aprendido durante los 80’s por tanta teleserie venezolana y mexicana con que nos bombardearon (con amor y respeto por mis amig@s venezolan@s y mexican@s) y comenzar a encarar la vida con la cara limpia y la frente en alto, recordando siempre que los fantasmas nos persiguen hasta que dejamos de huir, y que lo que no te mata te hace más fuerte. Les dejo la invitación entonces, a derribar los viejos moldes, a derribar el pasado, a liberarse de las cadenas que nos han hecho creer que debemos arrastrar, cuando en realidad todos tenemos la capacidad de volar. Todos podemos ser libres y cortar con lo que nos daña, aunque siempre nos hayan dicho lo contrario. Les dejo la invitación para vivir la vida a concho, en libertad y en amor, y a contagiar de alegría a todos los que nos vean sonreír :) 

Clau Gonzalez



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Abrazoterapia ¿Qué es?


¿Qué es?
La abrazoterapia es una practica terapéutica que redescubre la importancia del abrazo como necesidad vital que tenemos todos de amar y sentirnos amados de verdad. El contacto físico no es sólo algo agradable. Es algo necesario. La investigación científica apoya la teoría de que la estimulación por el contacto es absolutamente necesaria para nuestro bienestar físico y emocional.

El abrazo
Es agradable. Ahuyenta la soledad. Aquieta los miedos. Abre la puerta de los sentimientos. Fortalece la autoestima. Fomenta el altruismo. Retarda el envejecimiento; los abrazantes se mantienen jóvenes por más tiempo. Ayuda a dominar el apetito; comemos menos cuando nos alimentamos con abrazos… y cuando tenemos los brazos ocupados en estrechar a los demás.
Además, el abrazo: Alivia las tensiones. Combate el insomnio. Mantiene en buen estado los músculos de brazos y hombros. Es un ejercicio de estiramiento para los de poca estatura. Es un ejercicio de flexión para los altos. Ofrece una saludable alternativa ante la promiscuidad. Representa una alternativa saludable y sin riesgo ante el alcohol y otras adicciones. Afirma el ser físico. Es democrático; cualquiera es candidato a un abrazo.
El abrazo es ecológicamente aceptable, pues no altera el ambiente. Ahorra energía al economizar calor. Es portátil. No requiere equipos especiales. No necesita de un sitio especial; cualquiera, desde un umbral hasta una sala de conferencias para ejecutivos, desde el atrio de una iglesia hasta un estadio de fútbol, es buen lugar para un lindo abrazo. Hace más felices los días felices. Hace soportables los días insoportables. Imparte sentimientos de arraigo. Llena los vacíos de la vida. Continúa ejerciendo efectos benéficos aun después de la separación.

Abrazoterapeuta
Los requisitos para ser abrazoterapeuta y para ser paciente son los mismos: simplemente, abrazar y existir. El abrazo terapéutico es un proceso de curación mutua. En realidad, abrazante y abrazado desempeñan papeles intercambiables. Como abrazoterapeuta, uno está abierto al niño que lleva dentro, necesitado de afecto, seguridad, apoyo, cariño y juegos, en tanto se ofrece a las mismas necesidades por parte del otro.
El abrazoterapeuta no juzga ni culpa. Pero sabe reconocer que muchos de nosotros, en nuestra poco amable sociedad, no hemos aprendido a pedir el apoyo emocional que necesitamos. Si desde la Infancia han escaseado el amor o el apoyo (o los juegos) tal vez nos sintamos afectos de contacto físico y hasta heridos. Si las experiencias del pasado nos han dejado una autoestima deficiente, podemos sentirnos indignos de amor… indignos de un abrazo.
Los abrazoterapeutas no pueden resolver todos estos problemas, pero sí respetar los conflictos y ofrecer comprensión, risas, palabras suaves y abundantes abrazos.
La abrazoterapia no es sólo para los solitarios y los doloridos. También da mayor salud al saludable, más felicidad al feliz. y el más seguro entre nosotros se sentirá aun más seguro. EI abrazo es para todos. Cualquier puede ser abrazoterapeuta. Pero si usted domina los Tipos de Abrazos y las Técnicas Avanzadas, desarrollará mayor habiIidad y confianza en su capacidad natural de compartir abrazos estupendos.

Mito y modelo
Aunque los abrazoterapeutas estamos convencidos de que el abrazo es para todos, existen algunos escépticos a los que les cuesta aceptar un abrazo. Creen, erróneamente, que el único propósito del abrazo es cimentar una relación de intimidad física.
El abrazo físicamente íntimo también puede ser bello, pero corresponde a otro nivel de necesidades. Ese tipo de abrazo jamás podrá reemplazar a un buen abrazo terapéutico. Hasta las parejas necesitan montones de abrazos comunes, por añadidura. Para evitar que los pequeños adopten ese punto de vista prejuicioso y estrecho, abrácelos con frecuencia: de un modo afectuoso, tierno, juguetón o como apoyo. Que vean a los padres ya otros adultos abrazarse de ese modo. De lo contrario, al crecer acabarán convencidos de que los abrazos sólo son para los amantes y que, para ser abrazado (y abrazable) uno debe sentirse físicamente atraído por el otro. Un abrazoterapeuta ha de esforzarse en lo posible por divulgar ese concepto más amplio del contacto físico y del abrazo, predicando la fe en que un día lleno de abrazos puede otorgar una satisfacción y una serenidad indecibles.

Inversión
La abrazoterapia no es gratuita. Requiere sobre todo voluntad. Su costo es la fortaleza que se requiere para ser vulnerable. El precio de abrazar es el riesgo de que nuestro abrazo sea rechazado o mal interpretado.
A muy corta edad, somos abiertos por naturaleza. Queremos dar amor y contacto físico, tanto como ser amados y tocados. Si nos vemos privados de amor y contacto, nos tornamos mal dispuestos a pagar los aranceles de vulnerabilidad. El amor retenido puede convertirse en dolor.
Los abrazoterapeutas ayudan a aliviar ese dolor. Cuando nos arriesgamos a un abrazo afirmamos nuestra maravillosa capacidad de compartir. Cuando nos volcamos hacia afuera y tocamos a otros, estamos en libertad de descubrir la compasión, junto con la capacidad de alegría, que existe en todos nosotros. Según vamos transformándonos en abrazantes más espontáneos y descubrimos tales riquezas interiores, el precio comienza a parecernos relativamente bajo.