viernes, 4 de abril de 2014

Los opuestos



Estamos viviendo una época en que andamos demasiado confundidos para poder apreciar a veces si escogemos el camino correcto. Por lo que pienso que esta lección os podrá dar un poco de luz. En ella podemos comprender que algunas ideas que se nos han inculcado son erróneas, y necesitamos renovarlas, para así poder observar con mas juicio el porque de algunas cosas.
Espero que los ejercicios que os propongo también nos ayuden a centrar y equilibrar mejor nuestras vidas.

LOS OPUESTOS

Según la teoría de los opuestos y de los contrarios, es sabido que donde está el blanco también está el negro, que al día se opone la noche, al calor el frío, etc.

Si existe una multitud de Ángeles “blancos”, existe por contraposición, otra multitud de Anglés negros, éstos también indudablemente necesarios para el desenvolvimiento del Plan. Donde hay inmovilidad, estatismo, no hay evolución. El movimiento se crea por contraposición de dos fuerzas, y en el movimiento hay evolución.

Pero yo no quiero entrar en mayor detalles sobre los Ángeles Negros, ya que es mi sentir el que quiero sembrar serenidad y esperanza, además no creo en ningún otro demonio si no es el que está encerrado en el corazón del hombre, y es este dominio personal el que nos pone obstáculos en el camino.

Hay opiniones diferentes en cuanto a lo que pudo ocurrir en el pasado para que algunos Ángeles cayeran, pero lo indiscutible es la persistencia con la que esta idea ha surgido en casi todos los sistemas de creencias del planeta. El cristianismo y el judaísmo tienen a Satanás, a Lucifer y, según las diversas sectas, un sinnúmero de Ángeles caídos.

Lucifer, dice una tradición, era uno de los siete grandes arcángeles de nuestro sistema solar, que actuaba como custodio del planeta Venus. Dios pidió un voluntario, entre sus principales Ángeles, que estuviera dispuesto a descender a la Tierra para fortalecer la resolución espiritual de la humanidad mediante una tentación constante. Lucifer se ofreció para la tarea. Pese a sus amorosas intenciones, con el correr de los siglos nuestra mente fue identificando poco a poco a lucifer con el demonio, en vez de verlo como un aspecto de Dios que nos ayuda a crecer, fortaleciendo nuestros músculos espirituales.

“El demonio me llevó a hacerlo”, es una excusa tentadora para justificar cualquier cosa; nos hemos dejado cegar por ella, al punto de retratar a Lucifer como fuente de todo lo que consideramos “maligno” en el mundo.

Una de las tareas celestiales de Lucifer, cuyo nombre mismo significa “dador de luz” o “portador de luz”, es enseñarnos el necesario lado oscuro de la vida. Lucifer es la sombra que revela la luz por contraste. En muchos sentidos, no podemos ver la verdadera luz sino después de experimentar la oscuridad. Tendemos a no valorar algo hasta que lo perdemos y volvemos a recuperarlo mediante nuestro propio esfuerzo. La parábola del hijo pródigo señala esa peculiaridad de la naturaleza humana.

Esta interdependencia de luz y oscuridad, de alegría y pesar, de bien y mal, así como todos los opuestos de nuestro dual sistema de realidad, cede a la comprensión de que, dentro de un contexto más amplio. Cristo y Lucifer son, sino exactamente complementarios, miembros de un mismo bando y partes integrales de un todo.

El mal es sólo la privación del bien, y cuando el alma emerge de esta ilusión de mal, Lucifer retoma su puesto original entre los grandes Arcángeles de Dios.

¿Satán es necesario? si la tradición judía nunca consideró que Satán fuera rival de Dios ni que fuera independiente de su voluntad ¿para qué existe?

La palabra hebrea Satán significa “adversario”, no de Dios sino de la humanidad. Las concepciones judaicas sobre la omnipotencia y la unicidad absoluta de Dios no permiten la presencia de ningún adversario en Sus Dominios, pero Dios creó a los humanos y les garantizó el libre albedrio. Y les confirió la capacidad tanto del bien como del mal.

La serpiente en el Jardín de Edén en el Satán que llevamos adentro. Es el arquitecto de nuestras conductas perniciosas, el seductor incansable, el racionalizador del mal y el agente de nuestra propia ruina. Pero puede ser resistido positivamente. El antídoto para SU VENENO es la firme convicción de que su papel es colocado en nuestras almas por medio de sus tentaciones. En ese sentido Dios quiso que Satán formara nuestro carácter moral.

Satán es una fuerza dentro de cada uno de nosotros. No podemos deshacernos de él porque forma parte de nosotros. Sin embargo podemos dominarlo si nos resistimos a su llamado tentador y hacemos caso a la Inclinación al Bien, que también es parte integral de nosotros.

Lentamente, con seguridad, vamos emergiendo colectivamente de esta ilusión del mal. Hacerlo significa aferrarse con firmeza de la concepción de Dios como Poder Único, Principio Vital Ultimo, del que todo lo demás emana. Naturalmente, la ilusión del miedo y el odio aún acecha en nuestras ciudades, y, a veces, puede convencernos, si prestamos demasiada atención a los medios, de que tiene cierto grado de realidad objetiva.

Pero, ¿no es justamente ese el desafío que se nos ha presentado, lograr un entendimiento más pleno del lado oscuro de nuestra propia naturaleza? Según aprendemos a liberar y, finalmente, deshacernos de la conducta negativa y autodestructiva, también cesamos de proyectar nuestra propia negatividad sobre un demonio ficticio, Ángeles caídos u otras personas. Cuando llegamos a este punto no tenemos más necesidad de aferrarnos a la ilusión del mal.

Al reconciliar estas características aparentemente opuestas demostramos también esas cualidades que los Ángeles tanto aprecian en nosotros. Y a nuestra vez, podemos liberar a los supuestos Ángeles caídos de la negatividad que hemos ido exteriorizando sobre ellos, a través de largos milenios. Al hacerlo así podemos permitirles, una vez más cumplir con las funciones para las que fueron creados en un principio.

EL ÁNGEL DEL EQUILIBRIO

Toda nuestra vida en este planeta no es sino una constante búsqueda en el exterior de un equilibrio que sólo se halla en nuestro interior.
Conectar con el Ángel del Equilibrio, que siempre está con nosotros, en lo más profundo de nosotros mismos, es situarnos en ese punto metafísico de equilibrio en el cual el bien y el mal se confunden en el Mejor, y en el cual la verdad y la mentira se confunden en aquel silencio que está más allá de la verdad y de la mentira.

El equilibrio consiste en utilizar tanto la cabeza como el corazón.

El equilibrio no es mantenerse erguido sobre un solo pie, es mantenerse sobre los dos pies.

Te propongo que:

Te pongas cómoda y cierres los ojos.
Aspira profundamente sintiendo como el aire llena tus pulmones y, cuando espires, siente como el aire que devuelves llena el espacio que te rodea.
Aprecia el equilibrio que hay entre el aire que recibes y el que devuelves.
Imagínate como una persona extraordinariamente equilibrada, capaz de relajarse, divertirse, pero también de pensar y trabajar sin dejarse alterar por lo que pueda ocurrir en el mundo exterior.
Tu vida está perfectamente equilibrada, como tu respiración.


MEDITACIÓN CENTRALIZADORA

Pasamos mucho tiempo dentro de la mente, de la cabeza. Pero esta meditación llevará la conciencia a tu mismo corazón, el centro de tu cuerpo, que es el sitio donde tus Ángeles se encuentran contigo.

Lo único que necesitas es un sitio donde puedas estar en silencio y sin perturbaciones. Lee varias veces los pasos antes de comenzar.

1) Cierra los ojos. Siente cómo sube y baja tu aliento en el cuerpo. Mantén el pensamiento de que, cuando respiras, Dios te está dando aliento.

2) Pon las manos sobre el corazón. Siente el latir del corazón, la fuerza vital. Siente cómo bombea sangre a todos los rincones de tu cuerpo.

3) Mantén la atención centrada en el corazón y su latido. Si tu mente se distrae, devuélvela a tu corazón, al centro de tu naturaleza sensible.

4) Imagina una luz o llama en el centro de tu corazón. Representa la chispa de lo Divino dentro de ti. Es la semilla de quien eres. De la manera que puedas, conéctate con esa chispa y siente lo que significa para ti.

5) Exhala a fondo. Cuando estés lista, vuelve a abrir los ojos.

Este ejercicio puede inundarte con una gran sensación de calma, de percepción de tu Yo Superior. Puedes utilizarlo a cualquier hora del día, dondequiera que estés, cunado no te sientas centrada. Como sólo lleva un minuto, puedes hacerlo en tu escritorio, o ante el volante de tu auto cuanto te detenga un semáforo en rojo. La vida que llevamos es mucho más complicada que la de nuestros abuelos. Bienvenido sea cualquier herramienta que nos permita permanecer centrados.
Cuando pensamos en Ángeles, con frecuencia pensamos en coros celestiales, en Ángeles con carpas y trompetas. Cuando entramos en alineación con nuestros acompañantes, nos abrimos a esa música gloriosa, que tanto se oye como se siente.

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