miércoles, 5 de diciembre de 2012

Usar el poder de las joyas




Las joyas son mucho más que meros ornamentos del cuerpo. En gemoterapia el mayor valor de las joyas no reside en su perfección artística ni en su coste económico, sino en la potencia energética de los metales y las gemas de que están hechas. La elección y el uso de una joya es algo personal, pero conviene que no nos guiemos solamente por los criterios estéticos y que tengamos en cuenta las propiedades de cada piedra.

Numerosos hallazgos arqueológicos demuestran que ya en tiempos prehistóricos se usaban joyas. Los ejemplares más primitivos conocidos consisten en collares, colgantes, pendientes y brazaletes de cuentas de piedras y cristales ensartados en hilos de fibras vegetales o animales. En época neolítica, gracias al dominio de la metalurgia, las joyas se elaboraban engarzando gemas en estructuras de oro o de plata, metales que por su ductilidad permitieron crear nuevos tipos de joyas, como pectorales, diademas, coronas, anillos, broces, fíbulas, hebillas y alfileres.
Así mismo, el desciframiento de interpretación de los primeros sistemas de escritura usados por las grandes civilizaciones antiguas (sobre todo  Sumeria, Egipto, la India y China) revelaron que, más allá de su importancia como ornamento corporal o como signo externo de riqueza y poder, en esas sociedades las joyas eran, ante todo, consideradas talismanes que salvaguardaban a su poseedor de males y desgracias tanto físicas como espirituales. En la India, por ejemplo, los conocimientos y las creencias que los antiguos tenían sobe las gemas y los metales preciosos se reunieron en un tratado titulado Ratnapariksa (“Valoración de las gemas”), texto que, aparte de describir las propiedades físicas, explicar la forma de valorar su calidad y descubrir los defectos y las imitaciones, consigna los poderes benéficos y funestos de cada piedra.



LAS JOYAS Y SUS VINCULOS CHAKRICOS

El hecho de lucir una joya no sólo redunda en un embellecimiento del cuerpo, sino que también representa llevar sobre él una fuente de energía cristalina que irradia sus vibraciones benéficas sobre una parte determinada del organismo. El flujo de energía generado por los metales u gemas que constituyen la joya, activa y equilibra el chakra que rige el área corporal donde aquélla está colocada, a la vez que estimula y regula la corriente de energía sutil (llamado prana por los hindúes) que circula por los canales que comunican unos chakras con otros e irrigan todo el organismo.
A lo largo de la historia se ha usado tal variedad de joyas que prácticamente se podrían cubrir con ellas los siete chacras que recorren la espina dorsal. Las coronas, las diademas y los pendientes actúan sobre los chakras situados en la cabeza, (chakra de la corona y chakra del tercer ojo); en la India es muy común utilizar también pequeños cristales en las aletas de la nariz.
Las gargantillas, collares, pectorales, broches y alfileres sirven para estimular, de acuerdo con su longitud y su colocación, los chacras del pecho (Chakras de la garganta, el corazón y el plexo solar). Asimismo, en las sociedades hinduistas e islámicas es tradición usar gemas incrustadas en el ombligo o pedidas como colgantes en cinturones para cubrir los chakras pélvicos (chakra sacro y chakra de la raíz).
De igual manera , son numerosas las joyas concebidas para potenciar los charas secundarios de las articulaciones y para regular los canales de energía sutil que llegan hasta ellas desde los siete chakras principales. Los anillos, las pulseras y los brazaletes sirven para proteger los chakras de las articulaciones de las extremidades superiores, y aunque en las sociedades occidentales no es muy común, en los países orientales es frecuente el uso de anillos en los dedos de los pies y cadenas de oro y cristales colocadas en los tobillos.




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