martes, 3 de abril de 2012

Los senderos de la piedras-1


Historia de una relación

La historia del hombre está ligada de forma indisoluble a la de los minerales, no sólo porque se sirvió de ellos para fabricar útiles, sino porque, con el paso del tiempo, descubrió en ellos virtudes curativas y terapéuticas que creyó mágicas por su eficacia.



La estrecha relación del hombre con los minerales comenzó cuando esté se dio cuenta de que, con una piedra en la mano, su seguridad y su poder para enfrentase con las inflexibles leyes de la naturaleza eran mayores. A partir de ahí, el ser humano comenzó a buscar los tesoros minerales en las entrañas de la tierra para adaptarlos a su vida cotidiana en forma de herramientas, armas de guerra, construcciones…

Con el tiempo, a medida que la vida humana se fue sofisticando, las piedras y los cristales se cargaron de significaciones místicas y religiosas. Las leyendas cuentan que, en la mítica civilización de la Atlántida, los templos se adornaban con gemas situadas de manera estratégica para establecer campos de fuerza curativos. Otro ejemplo son las pirámides de Egipto, cuya forma geométrica se cree inspirada en la de los cristales, quizá como un medio de canalizar la energía cósmica.

LAS PIEDRAS, NUESTRAS MEJORES ALIADAS

Hace casi dos millones de años que la humanidad se apropió de otro gran poder de algunos minerales, seguramente descubierto al tallar las piedras para confeccionar herramientas; la capacidad de producir fuego que tienen las chispas que se desprenden al golpear o frotar entre sí dos piedras de gran dureza, como pueden ser el pedernal (silex) y la pirita.



Con el fuego, los seres humanos pudieron hacer frente a los terrores nocturnos, ahuyentar el peligro de las fieras y protegerse del frio. La humanidad comenzaba a dominar las energías que las piedras encerraban en su interior. Este descubrimiento infundió en los hombres primitivos un respeto reverencial por los minerales y a la vez, el deseo de conocer todos los secretos que anidan en su interior, algo en lo que seguimos interesados hoy en día.

LOS CRISTALES QUE NOS UNEN

Recientes investigaciones arqueológicas parecen demostrar que la práctica de servirse de los cristales para luchar contra enfermedades ya existían hace unos cien mil años en los territorios que hoy conocemos como América del Norte. En otro punto distante del planeta, en Egipto, se han encontrado amuletos personales de lapislázuli, turquesa y ágata en monumentos funerarios que datan del año 3000ª.C. Lo curioso es que el lapislázuli, símbolo del cielo nocturno, también se ha hallado en tumbas antiguas de Ecuador, así como de la América precolombina y Mesopotámia. ¡Qué curiosa comunión con nuestros antepasados con el universo de los cristales!

MONUMENTOS DE PIEDRA PARA COMUNICARSE CON EL CIELO.



Con la aparición de las culturas megalíticas, las piedras adquirieron un simbolismo mágico y religioso que hasta entonces no habían tenido. El hombre y la mujer construyeron megalitos, monumentos de piedra toscamente pulida, y los colocaron en puntos estratégicos que en realidad eran nódulos donde confluían ondas telúricas y, excepcionalmente, había una comunicación entre la tierra y el cielo.

En Europa se han hallado alrededor de cien mil menhires y cincuenta mil dólmenes, y aunque también los hay en los demás continentes, los más antiguos se encuentran en España y Portugal. No obstante, donde hay una mayor concentración de monumentos megalíticos es en la Bretaña francesa y en las islas Británicas.

Las investigaciones arqueológicas revelan que dichos monumentos demarcaban lugares sacros destinados a cultos mágicos, religiosos y funerarios, y en muchos casos a observaciones y mediciones astronómicas. Se ha comprobado, por ejemplo, que los alineamientos de menhires y los ejes de los crómlech coinciden con la posición del sol en el solsticio de verano.

Los druidas, antiguos sacerdotes celtas, enseñaban a su pueblo que en las piedras se encuentra la autenticidad de la existencia, puesto que sólo ellas permanecen inalterables durante un tiempo tan largo que para el hombre, marcado por su corta existencia sobre la Tierra, resulta una eternidad.

Algunos investigadores sostienen que las construcciones megalíticas están situadas en puntos donde emergen fuerzas telúricas o fuerzas procedentes del interior de la tierra, y que su finalidad era poner en comunicación la energía emitida por  nuestro planeta con la procedente del cosmos.

Así pues, los menhires eran erigidos a modo de gigantescas “antenas cósmicas” para captar las vibraciones de la energía universal. Por este motivo, alrededor de los megalitos se creaba un campo de poderosos flujos energéticos, por medio de los cuales nuestros antepasados podían sentirse vinculados a las fuerzas cósmicas generadoras de la vida.

Al igual que ocurre con los zahoríes, cuyas habilidades pueden parecernos mágicas o inexplicables cuando en realidad no lo son, hay también personas más dotadas que otras para captar las fuerzas sutiles de la naturaleza. En la actualidad todavía hay individuos que perciben la energía que transmiten los megalitos y saben canalizarla en pos de un bienestar general.

No hay comentarios:

Publicar un comentario