domingo, 22 de abril de 2012

La serpentina


La serpentina es un bonito mineral de color verdoso dorado, y es posible que reciba ese nombre por su veteado similar al de la piel de una serpiente, de hecho, en épocas pasadas se creía que curaba las mordeduras de serpiente. Las plantas no crecen bien si hay serpentina en el suelo o en el lecho rocoso, debido a sus altos niveles de níquel, cromo y cobalto; solo las coníferas o algunos arbustos resistentes son capaces de sobrevivir en lo que a veces se llaman yermos de serpentina.

En la época clásica la serpentina se extraía en Tesalia, Grecia y se transportaba hasta Roma. Allí se usaba para construir los interiores de impresionantes edificios, una vez pulida y combinada con otras piedras como el mármol para hacer escaleras, muros interiores o pilares.

Todavía se tallan muchas clases de serpentina en forma de estatuas o adornos a nivel mundial. Por ejemplo los maoríes de Nueva Zelanda utilizan la variedad local para tallar objetos sagrados, apreciando su color verde. Se puede encontrar en Irlanda, donde se llama mármol de Connemara y en Gran Bretaña, donde una forma particular de serpentina se llama lizardita, por la zona de Cornwall conocida como Lizard.

La serpentina es una piedra que asienta en la tierra y ayuda en la meditación y en la exploración espiritual.
Limpiando los chacras y estimulando el chacra coronario, activa las capacidades psíquicas y te ayuda a entender la base espiritual de la vida. Esta piedra abre nuevos caminos para que la energía kundalini pueda ascender. Ayuda a recuperar sabiduría y los recuerdos de vidas pasadas.

Psicologícamente, la serpentina te ayuda a sentir que tienes el control de tu vida. Corrige los desequilibrios mentales y emocionales y ayuda a dirigir conscientemente la energía curativa hacia las áreas problemáticas.

Físicamente, la serpentina es extremadamente limpiadora y desintoxicante para el cuerpo y la sangre. Se dice que asegura la longevidad.

Los usos físicos
Se usa para conectar con el propio propósito de la vida y limpiar cualquier impureza física del pasado, ya sea de esta vida o a través de enlaces ancestrales. Calma y suaviza estados de estrés emocional.

Los efectos curativos
Colocarla sobre el chacra corazón en el centro del pecho para aliviar el dolor o trauma emocional. Sujetar una piedra en cada mano para estabilizar el campo de energía que rodea el cuerpo.

Los usos personales
Medita con serpentina para abrirte a una consciencia mayor de tu lugar en el mundo y tu propio sendero en él.

martes, 17 de abril de 2012

La meditación mas efectiva que los analgésicos para reducir el dolor


En una revelación que seguramente no será bienvenida por las farmaceúticas, un estudio reveló que incluso pequeñas sesiones de meditación ayudan a reducir significativamente el dolor físico y en algunos casos incluso es más efectiva que los analgésicos industriales.
No tienes que ser un disciplinado budista o un fanático de la yoga kundalini para gozar de las mieles tangibles que la meditación puede compartirte. Lo cierto es que aun reducidas sesiones de esta milenaria práctica pueden dar a tu cuerpo beneficios importantes: de acuerdo con un estudio reciente que será publicado en la edición de Abril 2011 del Journal of Neuroscience, hasta un breve curso de técnicas de meditación puede ayudarte a reducir significativamente la presencia de dolor en tu cuerpo físico.
Durante el estudio los investigadores aplicaron leves quemaduras a quince personas en diferentes ocasiones, antes y después de que los voluntarios hubiesen participado en una sesión de meditación a lo largo de veinte minutos. El resultado fue que luego de meditar, los participantes calificaron exactamente el mismo estímulo de calor 57% menos incómodo y 40% menos intenso que durante las pruebas realizadas antes del ejercicio.
“Esto es bastante notable. La reducción en la escala del dolor fue sustancialmente mayor que en estudios similares utilizando píldoras de placebo, hipnosis e incluso algunos analgésicos”, afirmó el Dr. Fadel Zeidan, quien realiza una investigación post-dcotoral en la Wake Forest University School of Medicine, en Carolina del Norte.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que si bien ya se había comprobado que sesiones intensivas de meditación a lo largo de semanas disminuían notablemente la presencia de dolor físico en las personas, ahora se prueba que incluso sesiones espontáneas lo pueden lograr. Y si tomamos en cuenta que la mayoría de las personas no tienen el tiempo o voluntad de enrolarse disciplinadamente en la práctica de la meditación, la buena noticia es que los beneficios tangibles de la meditación ya incluyen también a los practicantes esporádicos.
Tomado de: pijamasurf.com

martes, 3 de abril de 2012

Los senderos de la piedras-1


Historia de una relación

La historia del hombre está ligada de forma indisoluble a la de los minerales, no sólo porque se sirvió de ellos para fabricar útiles, sino porque, con el paso del tiempo, descubrió en ellos virtudes curativas y terapéuticas que creyó mágicas por su eficacia.



La estrecha relación del hombre con los minerales comenzó cuando esté se dio cuenta de que, con una piedra en la mano, su seguridad y su poder para enfrentase con las inflexibles leyes de la naturaleza eran mayores. A partir de ahí, el ser humano comenzó a buscar los tesoros minerales en las entrañas de la tierra para adaptarlos a su vida cotidiana en forma de herramientas, armas de guerra, construcciones…

Con el tiempo, a medida que la vida humana se fue sofisticando, las piedras y los cristales se cargaron de significaciones místicas y religiosas. Las leyendas cuentan que, en la mítica civilización de la Atlántida, los templos se adornaban con gemas situadas de manera estratégica para establecer campos de fuerza curativos. Otro ejemplo son las pirámides de Egipto, cuya forma geométrica se cree inspirada en la de los cristales, quizá como un medio de canalizar la energía cósmica.

LAS PIEDRAS, NUESTRAS MEJORES ALIADAS

Hace casi dos millones de años que la humanidad se apropió de otro gran poder de algunos minerales, seguramente descubierto al tallar las piedras para confeccionar herramientas; la capacidad de producir fuego que tienen las chispas que se desprenden al golpear o frotar entre sí dos piedras de gran dureza, como pueden ser el pedernal (silex) y la pirita.



Con el fuego, los seres humanos pudieron hacer frente a los terrores nocturnos, ahuyentar el peligro de las fieras y protegerse del frio. La humanidad comenzaba a dominar las energías que las piedras encerraban en su interior. Este descubrimiento infundió en los hombres primitivos un respeto reverencial por los minerales y a la vez, el deseo de conocer todos los secretos que anidan en su interior, algo en lo que seguimos interesados hoy en día.

LOS CRISTALES QUE NOS UNEN

Recientes investigaciones arqueológicas parecen demostrar que la práctica de servirse de los cristales para luchar contra enfermedades ya existían hace unos cien mil años en los territorios que hoy conocemos como América del Norte. En otro punto distante del planeta, en Egipto, se han encontrado amuletos personales de lapislázuli, turquesa y ágata en monumentos funerarios que datan del año 3000ª.C. Lo curioso es que el lapislázuli, símbolo del cielo nocturno, también se ha hallado en tumbas antiguas de Ecuador, así como de la América precolombina y Mesopotámia. ¡Qué curiosa comunión con nuestros antepasados con el universo de los cristales!

MONUMENTOS DE PIEDRA PARA COMUNICARSE CON EL CIELO.



Con la aparición de las culturas megalíticas, las piedras adquirieron un simbolismo mágico y religioso que hasta entonces no habían tenido. El hombre y la mujer construyeron megalitos, monumentos de piedra toscamente pulida, y los colocaron en puntos estratégicos que en realidad eran nódulos donde confluían ondas telúricas y, excepcionalmente, había una comunicación entre la tierra y el cielo.

En Europa se han hallado alrededor de cien mil menhires y cincuenta mil dólmenes, y aunque también los hay en los demás continentes, los más antiguos se encuentran en España y Portugal. No obstante, donde hay una mayor concentración de monumentos megalíticos es en la Bretaña francesa y en las islas Británicas.

Las investigaciones arqueológicas revelan que dichos monumentos demarcaban lugares sacros destinados a cultos mágicos, religiosos y funerarios, y en muchos casos a observaciones y mediciones astronómicas. Se ha comprobado, por ejemplo, que los alineamientos de menhires y los ejes de los crómlech coinciden con la posición del sol en el solsticio de verano.

Los druidas, antiguos sacerdotes celtas, enseñaban a su pueblo que en las piedras se encuentra la autenticidad de la existencia, puesto que sólo ellas permanecen inalterables durante un tiempo tan largo que para el hombre, marcado por su corta existencia sobre la Tierra, resulta una eternidad.

Algunos investigadores sostienen que las construcciones megalíticas están situadas en puntos donde emergen fuerzas telúricas o fuerzas procedentes del interior de la tierra, y que su finalidad era poner en comunicación la energía emitida por  nuestro planeta con la procedente del cosmos.

Así pues, los menhires eran erigidos a modo de gigantescas “antenas cósmicas” para captar las vibraciones de la energía universal. Por este motivo, alrededor de los megalitos se creaba un campo de poderosos flujos energéticos, por medio de los cuales nuestros antepasados podían sentirse vinculados a las fuerzas cósmicas generadoras de la vida.

Al igual que ocurre con los zahoríes, cuyas habilidades pueden parecernos mágicas o inexplicables cuando en realidad no lo son, hay también personas más dotadas que otras para captar las fuerzas sutiles de la naturaleza. En la actualidad todavía hay individuos que perciben la energía que transmiten los megalitos y saben canalizarla en pos de un bienestar general.