miércoles, 22 de febrero de 2012

Para reflexionar




Buda fue a una aldea a mendigar con su cuenco de limosnas, y el hombre más rico de la aldea dijo. “¿Por qué? Un hombre tan bello como tú es un mendigo, y está en la calle con un cuenco de limosna. No me importa quién seas, cuál es tu casta, tu religión, tu familia. Casaré a mi hija contigo, y te convertirás en el dueño de todas mis riquezas, porque mi hija es mi única heredera. Buda dijo, “Me gustaría que fuera cierto que soy un mendigo y tu eres el amo, pero el hecho es que cuando vi que todos sois mendigos creyendo ser amos, tome el cuenco de limosnas en mis propias manos. Viendo la situación, no me pareció correcto llamarme amo. ¡Vosotros os llamáis amos y nosotros somos felices llamándonos mendigos! Porque en un mundo donde los mendigos creen ser los amos, es correcto que los amos se muestren como mendigos.” El hombre dormido, sumergido en la ilusión, se pasa toda la vida acumulando bienes materiales para darse cuenta al final de su vida que no tiene nada y que vivió como un mendigo y que muere como un mendigo. Por el contrario, el hombre espiritual pasa toda la vida recordando su luz, sabiendo que es el amo de sí mismo, para darse cuenta al final de su vida que ha cultivado tesoros valiosos en su alma como lo es la sabiduría y el amor, y muere feliz sabiendo que sus tesoros son inmortales.

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