martes, 13 de diciembre de 2011

Meditación tibetana contra el frio



¿Quién no se ha encontrado en alguna ocasión pasando frio porque hemos salido poco abrigados y el frio nos ha sorprendido?. Nuestros frágiles cuerpos se ven sometidos a bruscos cambios de temperatura que a veces no podemos controlar, ¿Qué podemos hacer?
Si miramos más allá de nuestras fronteras y nos desplazamos al Tibet podemos encontrar una ayuda de la mano de los monjes budistas tibetanos. Durante años han guardado un secreto que ahora comparten con nosotros, el secreto del fuego interior o tumo, que en tibetano significa calor interior. Esta práctica ya queda recogido en los antiguos textos de Las seis yogas de Naropa, conjunto de meditaciones budistas avanzadas.
La práctica consiste en realizar una serie de visualizaciones en el interior en el que se crea una fuente de calor, una bola cálida energía o un gran fuego constituido por el prana que se respira. El tumo es un fuego sutil que hace subir hasta la cabeza la energía latente de los “tasas” nombre con el que se conocen a los nervios, venas y arterias. Esta es una de las primeras técnicas que aprenden los novicios para enfrentarse a las bajas temperaturas que se registran sobre todo en enero. Como prueba del entrenamiento muchos visten un pedazo de tela blanca mojada y se van a meditar sobre la superficie de un lago helado. Como supondrás, la prueba es una de las más duras que hay en supervivencia y no todos la superan (yo aún sigo intentándolo).
Para realizar la práctica se necesita, además de una buen capacidad de visualización, realizar una correcta respiración, un alto grado de relajación, ser capaz de concentrarse en las diferentes partes del cuerpo y, como no, creer en ello.
Los expertos aconsejan realizar la meditación del tumo cuando estamos al aire libre y no realizarla en un lugar cerrado ya que la energía que puede generar el cuerpo puede ser muy potente.
La puedes practicar sentada en la nieve o bien cuando estés al aire libre y sientas frío. Si tienes tendencia a pasar frio no dudes en practicar la meditación del tumo.


PRACTICA
- La postura que adoptaremos será la clásica postura de loto, la postura fácil o simplemente las piernas cruzadas. Colocaremos las manos sobre los muslos con el dedo pulgar, índice y meñique extendidos; el dedo corazón y anular doblados bajo la palma de la mano.
- Comenzaremos esta práctica respirando por la nariz, no debes olvidar que hay que estar concentrado en lo que estás haciendo.
- La respiración adquirirá una doble función. Cuando expulsemos el aire estamos expulsando odios, rencores, orgullos, todo lo que nos carga de energía negativa y cuando tomemos aire entrará en nosotros sabiduría, fuerza, bondad, pensamientos positivos.
- Poco a poco comenzaremos a sentir que cada bocanada de aire que entra dentro de nuestro cuerpo penetra en nuestro vientre y comienza a reanimar un fuego interior que se encuentra a la altura del ombligo.
- El fuego de nuestro interior despertará y tomará forma de hoguera que calienta nuestro estómago, poco a poco reavivamos ese fuego interior, las llamas comenzarán a subir por nuestras arterias, venas y nervios de nuestro cuerpo, el fuego se expande por todas direcciones.
- La respiración nos permitirá sentir como las llamas ascienden y se expanden por todas las zonas de nuestro cuerpo y los canales por donde el fuego es transmitido, las venas, arterias y nervios.
- Nuestro cuerpo se convertirá en una gran chimenea que contiene fuego y energía que se expande. Nuestra respiración generará un mar de fuego.
- Cuando el fría haya desaparecido, realizaremos el camino inverso, desaceleraremos la respiración e iremos sintiendo como nuestro cuerpo deja de ser una intensa hoguera, pero seguiremos conservando un grado de calor que nos permita combatir el frio.

Recuerda que esta meditación no puede pararse en el acto debe realizarse una desaceleración. Debemos apagar la hoguera interior antes de acabar nuestra meditación, dejando de avivarla con nuestra respiración, visualizando como el fuego se apaga, pero sin dejar de conservar el calor que sus cenizas desprenden.

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